La
prosa es el pulso de un país, así como la poesía puede que sea su
perfume. España se queda sin pulso durante los tres años de la guerra,
como se queda sin cosechas. Jamás un himno militar sustituirá a una
metáfora. Las guerras producen mucha literatura, pero después, la
guerra, que queda como un formidable estruendo en mitad de la Historia,
es, en realidad, un pavoroso silencio: el silencio de un pueblo que ya
no piensa, que ya no trabaja con el idioma, que ya no hace todos los
días su tarea intelectual, gramatical, creadora. Ese gran silencio,
cementerial y obtuso, es lo que oigo yo cuando aplico el oído al pecho
de España, aquella España muerta del 36-39, donde solo pegan gritos los
cadáveres. Entre la ingente chatarra de la guerra, nadie ha hablado
nunca de la chatarra gramatical, literaria, herrumbrada y muda, en que
vienen a parar diez siglos de caligrafía y bellas palabras.
(Francisco Umbral)