La historia de mi abuela

Mi gusto por la literatura me acompaña desde muy pequeña. Me encantaba leer y escribir. No sabía el significado de la mayoría de las cosas (ahora me doy cuenta), pero creía entenderlo todo o casi todo. Se me pasaban las horas leyendo e imaginándome como escritora. Con el paso de los años la fiebre de escribir se me ha ido pasando, hay pocos buenos escritores y yo tengo muchísimo que aprender, con lo cual me conformo con leer y releer. Aquí os dejo una de las poesías que me adentró al mundo de la literatura... Con ocho años la leí por primera vez y aún hoy me la sé de memoria...


Pues esta es la historia
que contó mi abuela,
a mí me da igual,
pues no te la creas.

Mi abuela empezó
a hablar de una guerra
de un pum pim pam pum
cerca de la escuela.

Los niños gritaban
debajo las mesas;
lloraban los libros
lágrimas de letras.

Por el cielo, aviones
de quesos y fresas,
de helados de nata,
de palomas menta.

Los niños creían
que estaban en guerra.

¿Que no te la crees?
Pues no te la creas,
pero esta es la historia
que contó mi abuela.

Introducción

La prosa es el pulso de un país, así como la poesía puede que sea su perfume. España se queda sin pulso durante los tres años de la guerra, como se queda sin cosechas. Jamás un himno militar sustituirá a una metáfora. Las guerras producen mucha literatura, pero después, la guerra, que queda como un formidable estruendo en mitad de la Historia, es, en realidad, un pavoroso silencio: el silencio de un pueblo que ya no piensa, que ya no trabaja con el idioma, que ya no hace todos los días su tarea intelectual, gramatical, creadora. Ese gran silencio, cementerial y obtuso, es lo que oigo yo cuando aplico el oído al pecho de España, aquella España muerta del 36-39, donde solo pegan gritos los cadáveres. Entre la ingente chatarra de la guerra, nadie ha hablado nunca de la chatarra gramatical, literaria, herrumbrada y muda, en que vienen a parar diez siglos de caligrafía y bellas palabras. 

(Francisco Umbral)